dijous, 8 de setembre de 2016

Vivir en el caos


En lo estático no existe creatividad ni experimentación. Es en el caos donde infinitud de posibilidades aparecen cada instante. En cada respiro nace una explosión de momentos creativos y de invención ilimitados.





Acompañar niñ@s en su desarrollo autónomo y respetuoso implica una gran tolerancia al caos. No me refiero a habitaciones perpetuamente desordenadas, a cubos de la basura sin vaciar, a espacios repletos de materiales acumulados sin usar, etc., sino el caos creativo, al que la Teoría del Caos se refiere. Por ser un estudio complejo - y considerando que aquí no pretendo hacer un ensayo científico sobre la complejidad de este fenómeno - me limitaré a extrapolar algunos de estos conceptos al ámbito de la psicología infantil.


 Aprender a vivir en el caos no significa aprender a controlarlo, ni a predecirlo. Al contrario somos parte del caos, no nos podemos considerar como elementos aparte.


El caos creativo es el que surge en ese instante donde las personas adultas nos olvidamos, por un instante, de mantener perpetuamente ordenados los espacios y recogidos los materiales. Abrirnos a observar y acompañar la exploración natural de l@s niñ@s en edades tempranas, implica poder abrirnos a esa exploración fruto de la libertad de movimiento, del no interrumpir un continuum exploratorio con consignas de recoger y ordenar que modifiquen su comportamiento. Es básico para la conexión con la parte más primigenia y natural de es@s niñ@s que dispongan de espacios de libertad sostenida, es decir, espacios seguros y respetados donde, bajo la mirada atenta y amorosa de una persona adulta que les aporta sostén emocional y físico, ell@s puedan explotar su potencial en base a la interrelación de materiales, a la vinculación de conceptos más o menos lejanos en el tiempo, a la experiencia del silencio y del vacío en su dinámica creativa, a la observación de iguales que experimentan y crean dinámicas a las que pueden adherirse o modificarlas extremando peculiaridades que les llaman la atención o les reportan nuevos escenarios, etc. Es decir, a través del caos creativo, descubrirse a si mism@s. Cuando se les permite momentos de caos sostenido, desarrollan y expanden su niñ@ natural[1], logran sentirse respetados a nivel interno y no acumulan tensiones, carencias, ni malestares que se almacenan en la psique y pueden explotar en estadios posteriores de su maduración y desarrollo. 


¿Qué clase de niñ@s visualizamos para nuestro devenir? ¿Niñ@s poco creativos y con sus emociones auténticas castradas por la moral adulta? ¿Niñ@s que no toleran el caos, el desorden puntual, la libertad de mezclar conceptos, ideas, materiales?





Para responder a estas cuestiones, previamente debemos plantearnos otras: ¿qué clase de adult@s somos nosotr@s mism@s?, ¿qué actitud adoptamos cuando acompañamos su creatividad?, ¿qué facetas de nuestra experimentación no fueron respetadas durante nuestro proceso de desarrollo?, ¿esta carencia sigue latente en nosotr@s?. Multitud de veces la forma como las personas adultas fuimos acompañadas en nuestro proceso de experimentación en referencia al caos, poco se parece a la manera como nos gustaría acompañar a nuestr@s hij@s. ¿Cómo nos damos cuenta de ello? Mayoritariamente estas diferencias se manifiestan como una dificultad –y a veces incapacidad- de acompañar serena y tranquilamente las conductas de nuestr@s hij@s que no nos respetaron a nosotr@s mism@s. Por ejemplo: si te obligaron a comer cuando eras pequeñ@ puede que ahora te cueste confiar que tu hij@ deja comida en el plato, o con un mordisco de banana ya salta de la silla y vuelve a jugar. Si lo que te pasó es que no dejaron que te ensuciaras cuando jugabas, puede que te cueste sostener el desorden y las manchas de un grupo de niñ@s jugando con arena y agua, indiferentes a los trozos de barro que caen sobre sus vestimentas, su pelo y su piel. Seguro que se te ocurren muchos más ejemplos sobre esas señales que l@s más pequeñ@s nos regalan, esos aspectos de nuestras Vidas a revisar; y es importante que lo hagamos con el mismo amor y la misma mirada con la que les observamos a ell@s; que estemos acompañad@s y sostenid@s por quienes merecen nuestra confianza; y que comprendamos que cuando éramos niñ@s no pudimos elegir lo que vivimos, pero ahora si podemos transformarlo.





Bien sabido es ya que para poder acompañar los procesos de Vida de nuestr@s niñ@s debemos familiarizarnos con conceptos como el azar, la flexibilidad y la no predictibilidad. Lo dicho: el trabajo de acompañar desde el respeto y con una mirada limpia de juicios empieza por nosotr@s mismas, por permitirnos entrar en este espacio de malestar delante del caos y preguntarnos qué situación no se nos permitió vivir; qué parte de nuestr@ niñ@ natural no fue amorosamente acogido y sostenido cuando lo necesitábamos; que aspectos de nuestra experimentación fueron castrados por adult@s que no podían sostener el inmenso potencial creativo del caos; porqué el caos no es controlable, es infinito, es oceánico. Y asusta. 


Abrirse a escuchar es@ niñ@ que fuimos, abrazarlo desde nuestro estado adulto actual y mecerlo en el silencio de nuestro corazón, tal vez ayude a poder mirar a nuestr@s niñ@s con los ojos de alguien que abraza la libertad y conoce la potencialidad del caos. 


Buen Camino.

Elisenda Pascual i Martí
psicòloga i fundadora d'Acompanyament Familiar 







[1] Este estado psicológico de niñ@ natural se caracteriza por la espontaneidad y por las emociones puras, sin adornos morales aprendidos o censuras adquiridas. Es específico de los primeros años de Vida, y su falta de expresión comporta un desarrollo carente de ilusión y flexibilidad, con pocas emociones auténticas y con una predisposición a los mandatos morales provenientes del entorno cercano (familia y sociedad). Una persona que crece sin este estado debidamente explorado e integrado, puede devenir en una personalidad obsesiva y con dificultad para tolerar los cambios e imprevistos de la Vida.